lunes, 11 de octubre de 2010

Una rara bienvenida

Era la noche del 11 de octubre, no tiene mucho que había querido conocer y tener charlas nocturnas con un ser místico, con una persona que de ahora en adelante, me sacará de muchas dudas. Desafortunadamente él vive lejos, pero viaja todas las noches a verme, a velar mi sueño, a saber cómo ando y de ahí, gracias a la cobertura del sueño, contacto con él: Morfeo, el dios griego del sueño. Todos me decían que andaba loco, muy iluso, con ganas de escribir y hacer nada, pero no es así la cosa, si vieran que existe, y si aún me catalogan como loco, no me importa, solo él me entiende.
Esa noche estaba yo preparándome para dormir, cuando de pronto, escucho que alguien me susurraba al oído, diciéndome: "¿ya estás listo?"... Fue muy obvio el susto, por que voltee y no había absolutamente nadie; empecé a ponerme algo nervioso, por que la segunda vez él me dice: "yo ya estoy listo". Razón más grande la preguntar: ¿quién anda ahí?; nadie me respondía, y en ese momento ocurre lo inesperado: me desmayo, empiezo a volar en mi mente, viajando por toda la cd. de noche, con los carros moviéndose a gran velocidad, llegando a la punta de una larga escollera, ahí lo conocí. No es cualquier persona, tampoco es como lo pinta mucha gente, me pareció ver a alguien dispuesto a ayudarme, a regañarme, a ver cómo un ser se empezaba a preocupar por mí, como la actitud de los padres al ver a sus hijos salir de las casas a ejercer su etapa universitaria.
Callado, realmente sorprendido, y tapándome a ver si no existiera alguien que viera mi cuerpo semidesnudo por querer descansar, le pregunté: ¿quién eres, y qué haces aquí, tan solo y conmigo? ¿qué pasó? ¿por qué estoy aquí, y de esta manera?. Él, con una mirada algo extraña, empezó a sonreir, con esa facción de: "te han comentado de mí y todavía no das conmigo..." No me dijo nada.
Yo todavía seguía con esas dudas, y lo que pasó fue extremadamente increíble: sus manos tocaron mi frente e inició la imaginación obligatoria, aquella que no hacía conscientemente, sólo empecé a recordar todo, absolutamente todo lo que me decían referente a él, todo lo que me imaginaba, con aquella ilusión de poder algún día conocerlo, sin saber que ya lo tenía enfrente. Es ahí donde todo se aclaró: era Morfeo, aquél ser que, durante tanto tiempo, tenía ganas de conocerlo.
Me dijo:"Tú aún estás tan inocente, eres inmaduro, por que desde hace mucho tiempo has querido responder a las preguntas que te agobian, a los momentos que te son muy confusos, a las acciones que has llevado a cabo y que no sabes por qué las cometiste, pero aquí estoy, dispuesto a ayudarte en lo que pueda. Eso sí, yo sólo te mostraré lo bueno y lo malo, de tí depende si sigues el camino correcto, de eso te darás cuenta en el momento exacto, antes, no. No te precipitarás en tus decisiones, no te sugestionarás con lo que los demás te dicen, no harás de tu vida, una simple aventura, por que aquí aprenderás de todo: alegría, tristeza, vulnerabilidad, fuerza, valentía, coraje, pero sobre todo confianza, seguridad. Tú serás dueño de tu propia vida..."
Vaya, me habló como nadie, aunque me quedaba perplejo de todo lo ocurrido, supe aprovechar el momento, le dije: "Pero oye, tiene rato que me ocurren problemas, y sabías de ello, ¿por qué no me ayudabas?. Él  sólo movía la cabeza de un no rotundo, se me quedó mirando detenidamente, como si un ser humano se le quedara mirando a un bicho raro, y sin evadirme la pregunta me dijo: "No te preocupes por lo que te ocurrió en el pasado, viste que lo poco que tienes de madurez es gracias a ello, ante la situación que viviste, saliste victorioso de eso, cosa que no me imaginé que lograrías, pero ahora más que nunca, no sabes cómo zafarte de ello, olvidarlo sí, sin embargo te quedas con esa imagen de lo sucedido y por tal motivo eres sumamente represivo, no se te olvida nada, pero yo me encargaré de ello." Orale, eso sí que me sorprendió. Le dio en el punto exacto a mi sentido de vida. De ahí, todo se me borró de la mente, no sé qué pasó; sólo tengo entendido que, de golpe, sobrevolé la cd otra vez,  como si las ganas de cuestionarlo se me esfumaran; y de pronto desperté, con una angustia tremenda, pero con un sentimiento de inspiración que transmitía todo el cuarto y es ahí cuando veo la puerta con la frase que, aún la recuerdo: "Bienvenido al mundo real, al mundo de la eterna confusión..."

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