Muy extraña la sensación que Morfeo me había dejado, y más tatándose de lo vivido.
No podía concebir muy bien lo que la noche pasada había ocurrido. Después de intentar recordar todo, lo único que generó fue un dolor de cabeza tan delesnable, que nada más quería estar con ese ser que también podía entenderme: Soledad.
Durante todo el día estaba desconcentrado, con una actitud tan rara, mis compañeros de clase me preguntaban "¿Qué ocurre...?, yo sólo les decía, en tono soblimador: "no, nada. No pasa nada"; cuando que, en realidad, sí ocurría algo: bien dicen que por algo pasan las cosas, es ahí donde me sentía molesto, por que terminó de manera confusa, sin embargo, no era para molestarme demasiado, pues era para que yo sentara cabeza y dedicarme a vivir el ahora.
Después de un día tan laborioso, regreso a mi cuarto, dispuesto a adelantar mis labores escolares; de pronto, sentí cómo un ligero susurro me estimulaba el oído y hacía que mi cansancio fuera aún mayor, no pódía pasarlo desapercibido, ya que aquello parecía droga: inhibe, deja las fuerzas de lado y como un chispazo, ya te quedas en el piso, con un profundo sueño que, al verlo de esa manera, parecía haber pasado mejor vida, pero no fue así.
Al despertar, me encontraba en una región totalmente desconocida, con una luz en contrapicada que proyectaba todo mi cuerpo , me sentí como aquél asesino que le había llegado el momento de las interrogaciones, como si hubiera llegado mi momento de estar en una plena ejecución para pagar todos los errores que él me lo había hecho saber aquella noche. En ese instante, apareció. No como la vez pasada, ahora estaba muy raro, con una mirada que, al igual que todos los que me conocen, interpretaba que definitivamente hice un error y que me lo dirá en estos momentos:
-José, algo ocurre en tí y no me está gustando para nada.
-¿Algo ocurre? ¿Qué pasa...?
-Desde hace mucho tiempo, tus acciones no me resultan oportunas ante la vida y la sociedad, y alguien te dijo lo que ahora te mencionaré: "No te quieres dar cuenta...". ¿Qué pasó?, ¿Qué fue lo que te afectó y ahora respondes así?
-No entiendo lo que me quieres decir (se lo dije muy temerosamente, por que la verdad, no entendía nada).
-Hubo un momento en que me dijiste entre sueños: "Morfeo, ayúdame, creo que regreso a ser el de antes...", y efectivamente estás regresando a ser el de antes: el desconfiado, el ingenuo, el inmaduro, el joven que se dejaba por todo. Si te dijera que conozco los motivos, no tendría fin al momento de contártelos, si te dijera que sé el origen de tanta conmiseración, te asustarás por ello.
-¿De verdad sabes todo? Ahora sí que me dejaste muy espantado.
-Claro, el hecho de que sólo esté en las noches, no quiere decir que no veré lo que tú y los demás hacen en la vida cotidiana, como cuando tuviste una fuerte discusión con tus cuates y tu terquedad no dejaba ver tu error, como cuando no podías resolver un simple examen y cometías las barbaridades juveniles: un pequeño acordeón o la copia de otro compañero, cuando por fin te diste cuenta de que estaba el momento exacto para tener a ese ser que tanto añorabas, no lo supiste aprovechar. No entiendo ahora esa actitud que, al igual que los demás, probablemente molesta, pero no te lo quieren decir, hasta que hayas visto correctamente el error.
Me dejó sin palabras. Yo sólo estaba cabizbajo, muy apenado, con mi autoestima por debajo del subsuelo. Era absolutamente toda la verdad. Ganas de llorar no faltaban, el desahogo era tremendo, el nudo en la garganta se quería deshacer.
-Morfeo, creo que necesito mucha ayuda profesional.
-¿Y dejarte llevar por alguien que puede estar igual o peor que tú?
-¿Cómo?
-No, Jarquín, eso no puedo hacerlo. Toda la vida no estará esa ayuda dispuesta para ti. Sé consciente de lo que pasa alrededor de ti, las acciones de tus amigos, el momento exacto para demostrar lo que en verdad de
incomoda. Aprende a defenderte, por que de todos a los que me piden ayuda, eres el único más complejo, más complicado, muy difícil de tratar.
Morfeo cada vez decía las cosas certeras, y tenía tanto miedo que me golpeara para madurar, como los padres a sus hijos, cuando los castigaban por hacer las cosas mal.
-Jarquín, te hace falta un buen viaje en tu interior: Hacer una regresión para que tú descubras lo que te afecta: un problema enorme, un suceso que ta haya marcado, una persona que te afectó, algo debes de ver.
-Estoy consciente de lo que hago, Morfeo, pero lo que me pides, es realmente difícil de hacer.
-No se necesita ir a dormir, y examinarte. Si hay algo que hago mérito, es que le aconsejas a tus amigos que salgan a caminar, para que se les olviden los problemas, pero ¿por qué no lo haces tú? Vaya contradicción ¿verdad?
-Cierto. Concuerdo contigo, y lo haré, por mi bien.
-Eso me agrada, que al menos tengas iniciativa de poder hacerlo. Sólo falta que lo lleves a cabo. Ahí estaré al pendiente de tí.
Después de que me dijo eso, me sentí muy incentivado, las penas en ese momento se fueron, al menos por breve tiempo, y el regaño que merecí, fue por eso: por evaluarme, examinarme por dentro, autoayudarme.
Ahora creo que lo demás tiene un significado en mi vida, poco, pero es parte del sentido de vivir...
Pláticas con Morfeo - Líneas de confusión
sábado, 23 de octubre de 2010
lunes, 11 de octubre de 2010
Una rara bienvenida
Era la noche del 11 de octubre, no tiene mucho que había querido conocer y tener charlas nocturnas con un ser místico, con una persona que de ahora en adelante, me sacará de muchas dudas. Desafortunadamente él vive lejos, pero viaja todas las noches a verme, a velar mi sueño, a saber cómo ando y de ahí, gracias a la cobertura del sueño, contacto con él: Morfeo, el dios griego del sueño. Todos me decían que andaba loco, muy iluso, con ganas de escribir y hacer nada, pero no es así la cosa, si vieran que existe, y si aún me catalogan como loco, no me importa, solo él me entiende.
Esa noche estaba yo preparándome para dormir, cuando de pronto, escucho que alguien me susurraba al oído, diciéndome: "¿ya estás listo?"... Fue muy obvio el susto, por que voltee y no había absolutamente nadie; empecé a ponerme algo nervioso, por que la segunda vez él me dice: "yo ya estoy listo". Razón más grande la preguntar: ¿quién anda ahí?; nadie me respondía, y en ese momento ocurre lo inesperado: me desmayo, empiezo a volar en mi mente, viajando por toda la cd. de noche, con los carros moviéndose a gran velocidad, llegando a la punta de una larga escollera, ahí lo conocí. No es cualquier persona, tampoco es como lo pinta mucha gente, me pareció ver a alguien dispuesto a ayudarme, a regañarme, a ver cómo un ser se empezaba a preocupar por mí, como la actitud de los padres al ver a sus hijos salir de las casas a ejercer su etapa universitaria.
Callado, realmente sorprendido, y tapándome a ver si no existiera alguien que viera mi cuerpo semidesnudo por querer descansar, le pregunté: ¿quién eres, y qué haces aquí, tan solo y conmigo? ¿qué pasó? ¿por qué estoy aquí, y de esta manera?. Él, con una mirada algo extraña, empezó a sonreir, con esa facción de: "te han comentado de mí y todavía no das conmigo..." No me dijo nada.
Yo todavía seguía con esas dudas, y lo que pasó fue extremadamente increíble: sus manos tocaron mi frente e inició la imaginación obligatoria, aquella que no hacía conscientemente, sólo empecé a recordar todo, absolutamente todo lo que me decían referente a él, todo lo que me imaginaba, con aquella ilusión de poder algún día conocerlo, sin saber que ya lo tenía enfrente. Es ahí donde todo se aclaró: era Morfeo, aquél ser que, durante tanto tiempo, tenía ganas de conocerlo.
Me dijo:"Tú aún estás tan inocente, eres inmaduro, por que desde hace mucho tiempo has querido responder a las preguntas que te agobian, a los momentos que te son muy confusos, a las acciones que has llevado a cabo y que no sabes por qué las cometiste, pero aquí estoy, dispuesto a ayudarte en lo que pueda. Eso sí, yo sólo te mostraré lo bueno y lo malo, de tí depende si sigues el camino correcto, de eso te darás cuenta en el momento exacto, antes, no. No te precipitarás en tus decisiones, no te sugestionarás con lo que los demás te dicen, no harás de tu vida, una simple aventura, por que aquí aprenderás de todo: alegría, tristeza, vulnerabilidad, fuerza, valentía, coraje, pero sobre todo confianza, seguridad. Tú serás dueño de tu propia vida..."
Vaya, me habló como nadie, aunque me quedaba perplejo de todo lo ocurrido, supe aprovechar el momento, le dije: "Pero oye, tiene rato que me ocurren problemas, y sabías de ello, ¿por qué no me ayudabas?. Él sólo movía la cabeza de un no rotundo, se me quedó mirando detenidamente, como si un ser humano se le quedara mirando a un bicho raro, y sin evadirme la pregunta me dijo: "No te preocupes por lo que te ocurrió en el pasado, viste que lo poco que tienes de madurez es gracias a ello, ante la situación que viviste, saliste victorioso de eso, cosa que no me imaginé que lograrías, pero ahora más que nunca, no sabes cómo zafarte de ello, olvidarlo sí, sin embargo te quedas con esa imagen de lo sucedido y por tal motivo eres sumamente represivo, no se te olvida nada, pero yo me encargaré de ello." Orale, eso sí que me sorprendió. Le dio en el punto exacto a mi sentido de vida. De ahí, todo se me borró de la mente, no sé qué pasó; sólo tengo entendido que, de golpe, sobrevolé la cd otra vez, como si las ganas de cuestionarlo se me esfumaran; y de pronto desperté, con una angustia tremenda, pero con un sentimiento de inspiración que transmitía todo el cuarto y es ahí cuando veo la puerta con la frase que, aún la recuerdo: "Bienvenido al mundo real, al mundo de la eterna confusión..."
Esa noche estaba yo preparándome para dormir, cuando de pronto, escucho que alguien me susurraba al oído, diciéndome: "¿ya estás listo?"... Fue muy obvio el susto, por que voltee y no había absolutamente nadie; empecé a ponerme algo nervioso, por que la segunda vez él me dice: "yo ya estoy listo". Razón más grande la preguntar: ¿quién anda ahí?; nadie me respondía, y en ese momento ocurre lo inesperado: me desmayo, empiezo a volar en mi mente, viajando por toda la cd. de noche, con los carros moviéndose a gran velocidad, llegando a la punta de una larga escollera, ahí lo conocí. No es cualquier persona, tampoco es como lo pinta mucha gente, me pareció ver a alguien dispuesto a ayudarme, a regañarme, a ver cómo un ser se empezaba a preocupar por mí, como la actitud de los padres al ver a sus hijos salir de las casas a ejercer su etapa universitaria.
Callado, realmente sorprendido, y tapándome a ver si no existiera alguien que viera mi cuerpo semidesnudo por querer descansar, le pregunté: ¿quién eres, y qué haces aquí, tan solo y conmigo? ¿qué pasó? ¿por qué estoy aquí, y de esta manera?. Él, con una mirada algo extraña, empezó a sonreir, con esa facción de: "te han comentado de mí y todavía no das conmigo..." No me dijo nada.
Yo todavía seguía con esas dudas, y lo que pasó fue extremadamente increíble: sus manos tocaron mi frente e inició la imaginación obligatoria, aquella que no hacía conscientemente, sólo empecé a recordar todo, absolutamente todo lo que me decían referente a él, todo lo que me imaginaba, con aquella ilusión de poder algún día conocerlo, sin saber que ya lo tenía enfrente. Es ahí donde todo se aclaró: era Morfeo, aquél ser que, durante tanto tiempo, tenía ganas de conocerlo.
Me dijo:"Tú aún estás tan inocente, eres inmaduro, por que desde hace mucho tiempo has querido responder a las preguntas que te agobian, a los momentos que te son muy confusos, a las acciones que has llevado a cabo y que no sabes por qué las cometiste, pero aquí estoy, dispuesto a ayudarte en lo que pueda. Eso sí, yo sólo te mostraré lo bueno y lo malo, de tí depende si sigues el camino correcto, de eso te darás cuenta en el momento exacto, antes, no. No te precipitarás en tus decisiones, no te sugestionarás con lo que los demás te dicen, no harás de tu vida, una simple aventura, por que aquí aprenderás de todo: alegría, tristeza, vulnerabilidad, fuerza, valentía, coraje, pero sobre todo confianza, seguridad. Tú serás dueño de tu propia vida..."
Vaya, me habló como nadie, aunque me quedaba perplejo de todo lo ocurrido, supe aprovechar el momento, le dije: "Pero oye, tiene rato que me ocurren problemas, y sabías de ello, ¿por qué no me ayudabas?. Él sólo movía la cabeza de un no rotundo, se me quedó mirando detenidamente, como si un ser humano se le quedara mirando a un bicho raro, y sin evadirme la pregunta me dijo: "No te preocupes por lo que te ocurrió en el pasado, viste que lo poco que tienes de madurez es gracias a ello, ante la situación que viviste, saliste victorioso de eso, cosa que no me imaginé que lograrías, pero ahora más que nunca, no sabes cómo zafarte de ello, olvidarlo sí, sin embargo te quedas con esa imagen de lo sucedido y por tal motivo eres sumamente represivo, no se te olvida nada, pero yo me encargaré de ello." Orale, eso sí que me sorprendió. Le dio en el punto exacto a mi sentido de vida. De ahí, todo se me borró de la mente, no sé qué pasó; sólo tengo entendido que, de golpe, sobrevolé la cd otra vez, como si las ganas de cuestionarlo se me esfumaran; y de pronto desperté, con una angustia tremenda, pero con un sentimiento de inspiración que transmitía todo el cuarto y es ahí cuando veo la puerta con la frase que, aún la recuerdo: "Bienvenido al mundo real, al mundo de la eterna confusión..."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)