sábado, 23 de octubre de 2010

El consejo que no podía realizar

Muy extraña la sensación que Morfeo me había dejado, y más tatándose de lo vivido.

No podía concebir muy bien lo que la noche pasada había ocurrido. Después de intentar recordar todo, lo único que generó fue un dolor de cabeza tan delesnable, que nada más quería estar con ese ser que también podía entenderme: Soledad.

Durante todo el día estaba desconcentrado, con una actitud tan rara, mis compañeros de clase me preguntaban "¿Qué ocurre...?, yo sólo les decía, en tono soblimador: "no, nada. No pasa nada"; cuando que, en realidad, sí ocurría algo: bien dicen que por algo pasan las cosas, es ahí donde me sentía molesto, por que terminó de manera confusa, sin embargo, no era para molestarme demasiado, pues era para que yo sentara cabeza y dedicarme a vivir el ahora.

Después de un día tan laborioso, regreso a mi cuarto, dispuesto a adelantar mis labores escolares; de pronto, sentí cómo un ligero susurro me estimulaba el oído y hacía que mi cansancio fuera aún mayor, no pódía pasarlo desapercibido, ya que aquello parecía droga: inhibe, deja las fuerzas de lado y como un chispazo, ya te quedas en el piso, con un profundo sueño que, al verlo de esa manera, parecía haber pasado  mejor vida, pero no fue así.

Al despertar, me encontraba en una región totalmente desconocida, con una luz en contrapicada que proyectaba todo mi cuerpo , me sentí como aquél asesino que le había llegado el momento de las interrogaciones, como si hubiera llegado mi momento de estar en una plena ejecución para pagar todos los errores que él me lo había hecho saber aquella noche. En ese instante, apareció. No como la vez pasada, ahora estaba muy raro, con una mirada que, al igual que todos los que me conocen, interpretaba que definitivamente hice un error y que me lo dirá en estos momentos:

-José, algo ocurre en tí y no me está gustando para nada.
-¿Algo ocurre? ¿Qué pasa...?
-Desde hace mucho tiempo, tus acciones no me resultan oportunas ante la vida y la sociedad, y alguien te dijo lo que ahora te mencionaré: "No te quieres dar cuenta...". ¿Qué pasó?, ¿Qué fue lo que te afectó y ahora respondes así?
-No entiendo lo que me quieres decir (se lo dije muy temerosamente, por que la verdad, no entendía nada).
-Hubo un momento en que me dijiste entre sueños: "Morfeo, ayúdame, creo que regreso a ser el de antes...", y efectivamente estás regresando a ser el de antes: el desconfiado, el ingenuo, el inmaduro, el joven que se dejaba por todo. Si te dijera que conozco los motivos, no tendría fin al momento de contártelos, si te dijera que sé el origen de tanta conmiseración, te asustarás por ello.
-¿De verdad sabes todo? Ahora sí que me dejaste muy espantado.
-Claro, el hecho de que sólo esté en las noches, no quiere decir que no veré lo que tú y los demás hacen en la vida cotidiana, como cuando tuviste una fuerte discusión con tus cuates y tu terquedad no dejaba ver tu error, como cuando no podías resolver un simple examen y cometías las barbaridades juveniles: un pequeño acordeón o la copia de otro compañero, cuando por fin te diste cuenta de que estaba el momento exacto para tener a ese ser que tanto añorabas, no lo supiste aprovechar. No entiendo ahora esa actitud que, al igual que los demás, probablemente molesta, pero no te lo quieren decir, hasta que hayas visto correctamente el error.

Me dejó sin palabras. Yo sólo estaba cabizbajo, muy apenado, con mi autoestima por debajo del subsuelo. Era absolutamente toda la verdad. Ganas de llorar no faltaban, el desahogo era tremendo, el nudo en la garganta se quería deshacer.

-Morfeo, creo que necesito mucha ayuda profesional.
-¿Y dejarte llevar por alguien que puede estar igual o peor que tú?
-¿Cómo?
-No, Jarquín, eso no puedo hacerlo. Toda la vida no estará esa ayuda dispuesta para ti. Sé consciente de lo que pasa alrededor de ti, las acciones de tus amigos, el momento exacto para demostrar lo que en verdad de
incomoda. Aprende a defenderte, por que de todos a los que me piden ayuda, eres el único más complejo, más complicado, muy difícil de tratar.

Morfeo cada vez decía las cosas certeras, y tenía tanto miedo que me golpeara para madurar, como los padres a sus hijos, cuando los castigaban por hacer las cosas mal.

-Jarquín, te hace falta un buen viaje en tu interior: Hacer una regresión para que tú descubras lo que te afecta:  un problema enorme, un suceso que ta haya marcado, una persona que te afectó, algo debes de ver.
-Estoy consciente de lo que hago, Morfeo, pero lo que me pides, es realmente difícil de hacer.
-No se necesita ir a dormir, y examinarte. Si hay algo que hago mérito, es que le aconsejas a tus amigos que salgan a caminar, para que se les olviden los problemas, pero ¿por qué no lo haces tú? Vaya contradicción ¿verdad?
-Cierto. Concuerdo contigo, y lo haré, por mi bien.
-Eso me agrada, que al menos tengas iniciativa de poder hacerlo. Sólo falta que lo lleves a cabo. Ahí estaré al pendiente de tí.

Después de que me dijo eso, me sentí muy incentivado, las penas en ese momento se fueron, al menos por breve tiempo, y el regaño que merecí, fue por eso: por evaluarme, examinarme por dentro, autoayudarme.

Ahora creo que lo demás tiene un significado en mi vida, poco, pero es parte del sentido de vivir...

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